APOLOGÍA A JULIO BASANTES VACACELA

LUIS ENRIQUE YAULEMA

Se me ocurre que  podría estar en este mismo instante tomando un café sentado debajo de un árbol en medio de la lluvia, se me ocurre que podría estar deseando un cigarrillo…, pero no se me ocurre como iniciar una ponencia, entonces salgo busco esa tienda  a mas de media noche  y golpeo la puerta, del otro lado me dicen que    las ponencias se acabaron, que vuelva el jueves…, me desespero y enciendo el ultimo cigarrillo, te veo caminando con las manos en los bolsillos, me dices adiós la luna no es propicia para hablar, no sentí el beso que me abrigó el alma…

La vida juega con nuestros sueños haciéndolos beber la alegría de un amor, a veces picarona y delirante abre los brazos a la eterna gratitud embriagándose de palabras delirantes olor a violetas y jazmines.

Noche de sílabas en sinfonías, refulgentes ante el majestuoso campanario de huracanes como dijera Miguel Ángel León, en esta noche de ternura también las estrellas se embriagarán de pasión al compás de estival sinfonía.

Hablar del poeta, soñador y cantar de los astros, es hablar del insigne trovador de las metáforas hechas de ilusión.  Por eso permítanme decirles que el abecedario es corto ante la magnitud de tan distinguido bate de las letras ecuatorianas y porque no decir del universo.

Julio Basantes nace en Licto tierra donde las flores hilan recuerdos, el 17 de septiembre de 1933, estudió en el colegio San Felipe Neri, como hijo ha entregado el más grande amor a sus padres y como hermano ha sido ángel de la guarda pendiente de sus pupilos.  Cómo conocer la vida de Julio, si la puerta del silencio no se abre? por eso abriré sus libros para que hable el poeta y las palabras salten buscando espacios de amistad.


El sol travieso ya llega y retoza en el trigal, su primer libro donde la fragancia de los rebaños azules de ensueño, hacen rondas a la sutileza  de los primeros años, junto a la rana lunera, el pavo glotón, el vuelo de abeja, las gotitas junto al verano en pleno horizonte, aquí lo pueril entona ritmos de pureza y alegría de lluvia y el agua cantarina cuando dice:


Casita de hierbabuena
de malva, cedrón y trigo;
en los riscos de los andes
suspendida como un nido/

Entre sauces y cipreses,
bosques de eneldos y tilos:
casita de luna llena
regazo de paz y abrigo.

Ventana de oro y retamas,
reposo para el camino:
casita niña risueña,
espejo para los ríos.

Casita de trojes llenos,
de palomas y rocío
rosales y limoneros,
jaula de mirlos festivos.

Árbol frondoso que cuelga
los brazos de primavera,
casita que te levantas
junto al rural labrantío.

Así es mi casita blanca,
balcón de la serranía;
en los riscos de los andes,
suspendida como un nido.

Deja de ser niño, para saborear las gotas de ajenjo, que dejan los amores desvanecidos y dice vivamos un instante la alegría del íntimo latido; como sol fugitivo, instantes, acariciarte a solas, la culpa de tu error, nada de mis labios, transitemos de nuevo los caminos, vivamos esta noche, temas intimistas, escritos con el lenguaje del alma, paradojas volando entre hilos de luciérnagas hambrientas de la tibieza de un beso.

Julio Basantes, no solo es el poeta de la aurora, de la armonía, la tristeza y el dolor, es también el bohemio en espera de una carta.

Me dijiste que el agua,
ya no canta en silencio
Que la lluvia bosteza
una queja distante.
Me dijiste que el tiempo,
ya no está como antaño.
Recrudeció el invierno
y se borro el camino.
Me dijiste que el bosque,
Que tantas veces hubo,
de guardar nuestros besos,
desolado se encuentra.
¡Cuántas cosas extrañas
me dijiste en tu carta,
Cuántas cosas tan nuestras
Cuántas cosas tan distintas.

La Carta llegó a través de los años, tiene noticias y añoranzas irrecuperables, el sentimiento, sentencia que los instantes tienen un precio que jamás es repetible.

Su producción literaria, es un vaso límpido de amor en cautiverio, hasta el sol no calienta, quedándose en los luceros caminantes de unos ojos traviesos.  

En las huellas de las sombras siente que su alma está cansada a pesar que no asoman señales en las sienes y siente como pesa el tiempo en la penumbra del silencio, cuando las nubes son catedrales abiertas del encuentro, gacelas fugitivas que se asientan a la región etérea.

El maestro Julio Basantes es tremendamente apasionado de sensibilidad exquisita y de manejo ágil de las imágenes y figuras literarias, toda la pasión de su alma está inmortalizada en cada uno de sus libros, una lírica inconfundible para un poeta de su temperamento.

En los temas transitorios, donde se siente que los seres humanos y las palabras somos inquilinos de la vida, aquí la nostalgia abierta junto a la novia ausente y lejana, en diálogo con el ensueño habla para decir y sin remedio mi corazón delira y la voz del poeta canta para decir “Es tan triste la vida, y el corazón anciano, la soledad perfila con la voz desolada” te han atado las manos; buscador de distancias, sin embargo te lanzas a la hondura del aire, te han dejado sin nada como el sol apagado:

Caminas con la sed del agua, entrar en tu mundo es perderse en selvas tupidas, extraviarse en mares profundos y luego de navegar quien sabe porque lejanías vivirá tu hoguera secreta, junto al cofre enigmático de recuerdos.

Dónde están los cristales de la ternura antigua
a dónde embarcaremos nuestro senil ensueño?
Se pregunta en habitante del tiempo.

Termino este juego de palabras afirmando, que en el grupo de poetas Modernistas está nuestro gran escritor Julio Basante Vacacela, maestro insigne de la ternura, del amor y de la tristeza; quizás mi admiración por su poesía haya logrado expresar una pequeña parte de lo que se merece y aquí estaremos esperando una mañana cargada de armonía.

MAÑANA

Mañana cuando el ave
olvide la armonía.
Mañana cuando el canto
no surta de la lengua.
Mañana cuando sea
el final de la senda
y lleguemos cansados
a golpear otra puerta.
Mañana cuando nadie,
quiera escuchar las quejas
y agonice la llama
fugaz de la existencia:
entonces, podré a solas,
entender tu silencio.

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