Ficha bibliográfica:
Torres Gavela, Ricardo (Quito, 1953). En caso de fallecer. Riobamba, Casa de la Cultura, Núcleo de Chimborazo, 2010. 79 págs.
Acabo de recibir un paquete enviado desde Europa y apenas me dispongo a empezar su lectura cuando una llamada telefónica de la clínica local apresura mi operación de la próstata de tal manera que me preparo para tal circunstancia colocando (junto a las cosas rutinarias que acompañan a cualquier candidato a una intervención quirúrgica), el libro recién llegado.
Días después, aún prisionero de la sonda uretral, noté que algunas enfermeras que me atendían se fijaban en un objeto (ubicado sobre la mesita de noche pero inusual en ese ámbito) que a una de ellas le pareció, un ‘testamento’. No lo era. Era un libro de versos escritos por un médico ecuatoriano, el Dr. Ricardo Torres Gavela (del colectivo ‘La pedrada zurda’), hecho que sorprende gratamente porque, aunque hay ejemplos excepcionales como el ruso Antón Chejov -el de ‘El jardín de los cerezos’-, o el mexicano Manuel Acuña -el del ‘Nocturno a Rosario’-, la creencia general no asocia, con facilidad, el cultivo de las letras con el cultivo de la salud.
Así, desde entonces, bajo diferentes luces anímicas, he visitado las estancias de 'En caso de fallecer’, título más que atractivo, provocador, en cuyas líneas se concentran y se difuminan imágenes nada comunes, por ejemplo, cuando el autor resume su dialéctica tributaria de la lógica del absurdo: ‘… / sobrevivirá la vida, / pero la muerte / no morirá’, (pág. 72), cita y oxímoron encabalgados a un epígrafe de Jacques Rigaut: ‘Seré un gran muerto’ (pág. 3), surrealista galo para quien 'el existir sólo es un entrenamiento a conciencia del acto supremo de matarse', porque, en consonancia posterior, para el rumano - francés Eugene Ionesco, ‘el NO SER es nuestra patria natural, el SER es nuestro exilio’. (‘El rey perece’).
Integran el volumen alrededor de 47 composiciones en las que predominan diversas facturas y extensiones y demás libertades de la vanguardia iconoclasta, incluyendo la crítica irreverencia y la ironía creativa.
Elegiré, por la vía de la sinécdoque, ‘El poeta en el sarcófago’, pues esta parte ilumina el todo.
Oigamos a Ricardo:
‘Embarqué mi corazón con vil osadía / Y le puse a navegar sobre las lágrimas del tiempo: / Ven a ver lo que hemos hecho / Antes que te venza el tambor y seas uva seca. / Mi corazón se paró un momento a meditar / Y fallecí’ (Pág. 79, sic).
Hallazgo estilístico el presentarse y, a la vez, alejarse (de allí, la prosopopeya, ‘embarqué el corazón /… Y le puse a navegar …’, pues mientras uno, al otro lado del texto, descifra la curva retórica y se autodescifra, fluimos existiendo en singular y en plural dentro y fuera del ataúd, consumiéndonos (de allí, la metáfora ‘uva seca’) y floreciendo en el misterio (de allí, la paradoja ‘Mi corazón se paró un momento a meditar /(…)’.
Incursión escatológica en el sentido dual del término, cuando invoca el treno homónimo:
‘(…) ni contarás con tus platos sucios mis / pequeños flatos sentimentales que debieron / haberte olido a resentimiento / y no por engañarte nunca con materias / de programa de pájaro intelectual / ni por querer llevar tu mano a la tumba / (…)’.
Valiente adjetivación la de endosarle aspectos ‘sentimentales’ a las ‘pequeños flatos’ que, además, en un giro adverbial inusitado, ‘deben haberte olido a resentimiento’, todo al borde de ‘la tumba’/(…) (Ob. cit., págs.67 y 68).
En antitética clave modernista pero en similar y abierta rebelión contra la belleza tradicional, el argentino Fernández Moreno plasma su ‘Soneto a tus vísceras’ declarando que canta: ‘(…) el jardín azul de tus pulmones / y tu tráquea elegante y anillada / (canto a) tu masa intestinal, rosada / al bazo, al páncreas, a los epiplones / al doble filtro gris de tus riñones (…)’, etc. (Fuente: Interred). Así coinciden y se disocian Fernández Moreno y Torres Gavela. Ídem, David Ledesma Vázquez: ‘Mi corazón / en lentas aguas iba / rodando -boca abajo- / hacia la muerte. (…)’ (DLV, Obra poética completa, Quito, CCE, 2007. Pág. 84).
El ser y el no ser aludidos por la filosofía sempiterna, carecen de distancias o instantes que los divorcien. Son y no son, a la vez. En esta imposible identidad abreva la lírica de Torres, apellido que ‘En caso de fallecer’ atrae y proyecta relámpagos y penumbras de solitaria y vertical altura creando, con la limitada realidad del vocablo, la otra infinita realidad, la del dolor y la del placer estéticos. Producirla con el material efímero de las palabras y sus ambigüedades, es la emblemática tarea del escritor.
Y a este lector, aún con el cálido contacto de las páginas entre sus manos, se le revela lo efímero y lo eterno del tránsito y de la permanencia, no de la vida a la muerte o viceversa, sino de la una y de la otra constituyentes de similar sustancia.
¿Se puede pedir mejor cópula de ideología y estilo?
San José de Costa Rica,
25 de octubre del año 2011.
Tomado de la página de Sergio Román Armendáriz